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FEPX: 24 horas Bogotá party people [CRÓNICA]

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Texto de Chriz Sake & Renzo Lobato // Fotos de Emily Rohuss & Andreswolf

Regresamos a Lima con el corazón inflado y los oídos aun zumbando por las más de 24 horas de música del Estéreo Picnic 2019. Y With a little help for my friends fue la banda sonora ideal para seguir los cohetes que estallaron en la noche bogotana del domingo 7 de abril. Agradecidos y satisfechos, observamos el estruendoso fin de fiesta junto a colegas de distintos países. Habían pasado solo algunos minutos del cierre de Arctic Monkeys con R U Mine?, cuando nos permitimos soñar con un festival así para Lima, donde al menos por unos días podamos vivir en “un mundo distinto”. Y ahora que volvimos y editamos las fotos que acompañan esta página, recordando el barro de nuestras botas, las maratones del escenario Adidas al Tigo, los retornos de madrugada a la ciudad, podemos jurar que valió la pena cada maldito segundo.

¿Cuándo parará la lluvia?

“En Lima no llueve”, les comentamos a unos colegas mexicanos, protegidos por un toldo en la cola de acreditaciones. Recordamos también el aguacero de Buenos Aires, cuando Pearl Jam canceló su presentación en el Lollapalooza 2018. Punto peruano. “Si sigue así hasta la noche, va a estar yuca chambear en el escenario abierto”, advirtió nuestra fotógrafa, presagiando una ardua labor en la inauguración del festival. Horas más tarde, cuando Interpol ya arrancaba aplausos bajo nubes negras, ella fue la más feliz a pocos metros del siempre escueto Paul Banks. Más todavía cuando Josh (baterista, aunque deberíamos decir máquina de Twenty One Pilots) se quitó la camiseta para seguir batiendo los tambores. Desconocemos cómo nuestra chata mantuvo la ecuanimidad para disparar sus flashes en ese crucial momento.

Para sentir el calor que el dúo estadounidense nos produjo no hacía falta una tarima tan grande. Más temprano, la rapera Mabiland nos dio una sensual lección de formas de sacudirse el agua con un setlist casi exclusivo de su debut “1995”. Algunos le dimos “seguir” en IG y Spotify casi al instante que se despidió del domo Axe, frente a unas cuatrocientas almas. Y Cuco, el nuevo ídolo de Internet (a quien nos perdimos en el Centro de Convenciones Barranco), saldó cuentas con un repertorio que incluyó hits imperdibles como Lo que siento, Lover is a day y, por supuesto, Amor de siempre, que en Lima fue interpretada junto al buen Diego Trip.

Cuco en el escenario Adidas // Foto de Emily Rohuss

No es que el barro impida pasarlo bien en Estéreo Picnic, pero jode. El trayecto entre escenarios es penoso, uno puede resbalar y levantarse convertido en zombi, o peor aun, pescar un resfriado. Ahora, tampoco es Siberia, se puede aguantar el frío de la medianoche. “Yo también pensaba venir como ustedes”, bromeó un amigo bogotano, mirando nuestras bermudas, “pero es que acá nunca se sabe”. Sacamos los jeans de la mochila, húmedos aún, y el fuego que Kendrick Lamar encendía a esa hora nos retornó a la temperatura ambiente. Arriba en el escenario Tigo, el rapero demostraba por qué era cabeza de cartel de la primera fecha. Puño derecho en alto, Lamar gritaba: “¡Colombiaaa!”, y lo correspondían a grito pelado.

El gran Kendrick cerrando con una parafernalia increíble el primer día del FEPX // Foto de Andreswolf

Saldando cuentas con AM

Como a cualquier festival que inicia por la tarde y culmina al día siguiente, hay que ir bien desayunado. Si se puede almorzar, mejor todavía. La noche anterior esperábamos encontrar algún bar abierto en La Candelaria para picar algo y tomar la del estribo, pero acabamos extrañando el Buen Sabor de Arenales. En la segunda fecha sabíamos que nos esperaba asistir al homenaje de una institución de la salsa latinoamericana, el Grupo Niche, así que buscamos un poderoso sancocho que despachamos con buenos trozos de pan. En un festival que han encabezado anteriormente Lana del Rey, Los Strokes, Florence + the Machine y Gorillaz, menuda responsabilidad recaía sobre los muchachones de Una aventura, Cali pachanguero y Gotas de lluvia, considerando que jugaban de local, pero no tanto.

Al tercer día no esperábamos resucitar. La invasión británica arrancó temprano, con un Matt Healy cubierto con una enorme gorra de conejo y aclarando: “Somos The 1975 de Manchester, gracias por venir a vernos.” No podíamos perdernos a Sam Smith en su gira de retorno y en su primera vez en Colombia, por lo que sacrificamos el final del show de Los Espíritus. Los porteños, que ya nos habían regalado un recital de lujo el año pasado en Fuga de Barranco encendieron el domo Adidas entre guitarras psicodélicas y atmósferas envolventes. Rumbo al escenario principal con el grueso de asistentes a la clausura del FEPX, reconocimos los primeros versos de I’m not the only one, y apuramos la marcha. A medida que nos acercábamos, la voz del divo de veintiséis años crecía en potencia y color. Había caído la noche otra vez y dudábamos que el mar de gente que nos guiaba en dirección norte volvería a dejar sus puestos. Poco más de una hora nos separaba de la salida de Arctic Monkeys, y muchos cumplieron el ritual de la manta estirada sobre el grass aún húmedo, en pareja o en grupo de amigos, mientras aguardaba a los chicos de Sheffield. Al ser Bogotá la última parada de los Monkeys en Sudamérica, esperamos una sorpresa de sus primeros álbumes, pero los de A certain romance repitieron lo tocado en Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Perú.

Alex Turner en su faceta de James Dean y una frase para el olvido: “Muchas gracias, por favor” // Foto de Emily Rohuss

Un mundo distinto

En el Campo Briceño, a poco más de una hora al norte de Bogotá, confirmamos cinco sospechas:

1- Que Annie Clark se basta a sí misma, ella y su guitarra, para sacudir a todos los que ingresamos a verla al domo Adidas: algunos curiosos atraídos por el mote de “la Bowie millennial” y otros tantos que esperaron con ansias corear “Los Ageless” y ese himno al amante perdido de “New York”.

2- Que Alejandro y María Laura debían y merecían coronar diez años de incesante trabajo de hormiga en el Gran Teatro Nacional. Deberían sonar en las radios limeñas este 2019. La cohesión y punche del formato banda le ha permitido al dueto explotar mejor sus conocidas virtudes, la búsqueda de una simpleza instrumental que apunta a destacar las voces de la pareja sanisidrina. Saltar del Hermoso Ruido al Estéreo Picnic los consolida con su creciente audiencia en Colombia: quizá sea momento de un horario estelar en escenarios locales.

3- Que Latinoamérica está atravesando un gran momento creativo y es cuna de un sinnúmero de estupendos proyectos musicales que giran y la rompen alrededor del mundo. En el FEPX vimos y disfrutamos de artistas como Usted Señálemelo (Arg), Da Pawn (Ecu), Los Espíritus (Arg), Silvina Moreno (Arg), Ximena Sariñana (Méx), Mula (Rep. Dom), Apache (Ven), Nicola Cruz (Ecu), Carlos Sadness (Esp) y representando a Colombia: Pedrina, Alcolirykoz, Margarita Siempre Viva, Rap Bang Club, Quemarlo Todo Por Error, La Payara y más. Aplaudimos la gran curaduría del festival y recomendamos prestarles mucha atención.

4- Que si en Perú no se unen las principales productoras de eventos de música y entretenimiento y trabajan en conjunto, jamás tendremos el festival que tanto anhelamos.

5- Finalmente, al ver el respeto y la multitudinaria ovación al Grupo Niche, confirmamos que cualquier apasionamiento detrás de un determinado género musical nos impide crecer como escena. Tal vez también como sociedad. Y si alguien todavía no concibe a Agua Marina en horario estelar, no estaría de más agregar al playlist diario a Paloma Mami, Damas Gratis y Esteban Copete, todos ellos aplaudidos en Lollapalooza y Estéreo Picnic.

Soñar con un festival así en Lima no tiene nada de inocente. Sobre todo cuando las rutas de transporte público se amplían y nuevas vías nos conectan. Quizá el bicentenario cumpla el deseo de Rock Achorao, el deseo de muchos, y logremos que esta Ciudad de Reyes crezca en su todavía limitada oferta musical contemporánea.

Algunas postales:

Fin de fiesta // Foto de Emily Rohuss

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