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Reflexiones de 40tena con Luis Melgar Zombi

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Él siempre se ha caracterizado por tener un humor a prueba de las peores circunstancias. Pero, a estas horas siente que su negra mente ha comenzado a despercudirse.

Hasta hoy, Luis Melgar recuerda que antes que empiece este encierro la pasó con unos amigos celebrando el regreso de uno de ellos que se jactaba de haber vencido una trombosis. Celebraron y brindaron por la vida ignorando que horas después, estarían empaquetados al vacío en sus casas y evitando todo contacto humano que les pueda pegar un virus abrasivo.

Una nueva temporada de su show de stand up comedy, dos grupos de alumnos ansiosos para llevar clases de comedia y algunos eventos corporativos ya fechados son los que ha perdido con esta cuarentena. Además, están aquellos varios recibos girados de servicios, que estaban por pagarle y que han quedado congelados sin saber cuándo podrán depositarse en su cuenta. Así que, para Luis el aislamiento no ha sido solamente social sino también económico.

Para pasar tranquilo estos días, ha tenido el cuidado de stockearse de menestras. En un principio pensó que no necesitaba nada más, producto de la tranquilidad que le brindaba vivir frente al Hospital Casimiro Ulloa y a 25 pasos de un Tambo. “Medicinas y cerveza siempre tendré”, creyó. Hasta que hace unos días, el amable venezolano que siempre lo solía atender con llanera amabilidad, le dijo secamente que en aquella tienda morada (por una maldita disposición municipal) no podía venderle ni una sola gota de alcohol.

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Para no desvariar ante esta ausencia, Luis está en su casa leyendo libros que compró en el 2017 y dibujando una historieta donde se ha comprometido en hacer una viñeta diaria.
Desde que se enteró que iba a pasar en cuarentena, con su hija adolescente y su padre que demográficamente es considerado población de riesgo, se preocupó en desarrollar una rutina que evita que entre en locura. Con cada nuevo amanecer, inalterablemente Luis desayuna rápido, se ejercita, se ducha dibuja su historieta, cocina, escribe material nuevo, lee y cena. Es un momento complicado y entiende que tal vez por eso, cuando la palabra cuarentena comenzó a sonar fuerte en su casa, su mamá decidió irse a la casa de su hija. Aún así, Luis admite que no hay un día que pase sin que debata internamente por qué carajos en el Tambo de la esquina ya no venden chela.

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