¿Qué pasa cuando el «símbolo de esperanza» pierde la esperanza? Supergirl (2026), dirigida por Craig Gillespie e inspirada en el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow, deja de lado la imagen de la heroína perfecta para mostrarnos a una Kara Zor-El (Milly Alcock) rota, impulsiva y completamente perdida.
Lo primero que pensé al verla fue: «¿Así nos presentan a la nueva protagonista del DC Universe?». Vive en medio de un caos, bebe hasta perder el conocimiento y deambula por la galaxia acompañada solo por su fiel Krypto, más preocupada por sobrevivir a sus propios demonios que por salvar el universo.

En su cumpleaños número 23, viaja a planetas con soles rojos para anular temporalmente sus poderes y lograr emborracharse como cualquier ser humano. Confieso que esa imagen inicial me desconcertó, porque esperaba una figura femenina poderosa y brillante, como las que cada vez vemos más representadas en pantalla.
Sin embargo, la película no tarda en mostrarte por qué. Por qué ella está así, qué le pasó, de qué quiere huir. Y, definitivamente, logras empatizar. Entiendes su dolor, su frustración, su desmotivación. Ahí comprendes que solo busca adormecer sus emociones con el alcohol y que su actitud no es un mero capricho juvenil, sino un mecanismo de defensa.

A diferencia de Superman, Kara sí vivió el colapso de Krypton. Creció en Argo City y fue testigo de cómo la radiación de kryptonita acabó lentamente con las personas que amaba antes de ser enviada a la Tierra. Es valioso que en esta entrega se haya profundizado en la destrucción del planeta y en cómo este hecho marcó a sus habitantes.

Una heroína que también necesita ser salvada
En medio del caos en el que está nuestra protagonista, aparece Ruthye Marye Knoll (Eve Ridley), una adolescente decidida a vengar el asesinato de su familia. Y lo que empieza como una alianza circunstancial, termina convirtiéndose en el punto de quiebre para ambas. Sin proponérselo, Ruthye obliga a Kara a dejar salir todo su poder.

Así, somos testigos de su proceso de reconstrucción: poco a poco, transforma la tristeza, el resentimiento y el odio en el motor que la impulsa a volver a ser ella misma. Más allá de los combates, las explosiones y el espectáculo visual típico del cine de acción, rescato el mensaje que me deja esta película.
En tiempos donde muchas historias de superhéroes reducen el conflicto a derrotar al villano de turno, resulta interesante encontrar una que plantea un ángulo distinto: el poder de sanar, volver a empezar y seguir adelante. Aquí la idea no es la venganza ni la victoria, sino el no permitir que el sufrimiento termine definiendo quién eres.

La nueva era de DC
El punto más fuerte de Supergirl está en la actuación de Milly Alcock. Su versión del personaje es más rebelde, impulsiva y vulnerable, pero también mucho más humana que en adaptaciones anteriores. Y, por supuesto, Krypto vuelve a demostrar por qué los animales siempre terminan robándose el corazón del público.

La cinta también acierta al equilibrar la acción con buenos momentos de humor y una banda sonora que mezcla clásicos ochenteros con ritmos más contemporáneos, una fórmula que inevitablemente recuerda al estilo que Marvel popularizó durante la última década, pero que sabemos que funciona.
Jason Momoa debuta como Lobo y, aunque su participación es corta, se adueña de las escenas gracias al carisma que imprime al personaje. Por su parte, David Corenswet tiene una breve aparición en su papel de Superman, suficiente para reforzar la conexión entre ambos primos y seguir construyendo el nuevo universo cinematográfico de DC.

En cuanto a la producción, hay algunos detalles interesantes. La diseñadora de vestuario Anna B. Sheppard reveló que el traje de Supergirl incorpora fragmentos de tela de los archivos históricos de Warner Bros., incluyendo material usado en antiguos trajes de Superman. Es un homenaje que conecta simbólicamente a Kara con el legado del Hombre de Acero.

¿Vale la pena?
Es una peli entretenida, con su dosis justa de acción, drama y comedia. Si bien no pretende ofrecer un guion especialmente profundo ni dar grandes lecciones, se da el tiempo para abordar temas como el dolor, la venganza y el proceso de sanar después de una pérdida. A lo largo de la historia también habla de la familia que uno elige, de encontrar un lugar al que por fin sientes que perteneces y de la idea de que, incluso cuando lo has perdido todo, todavía puedes ser el héroe de alguien más.
