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Carnavales: ¿Cuál es el verdadero origen de esta fiesta que lo llena todo de color?

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origen de los carnavales

Hay algo que pasa cuando llega la época de carnavales. La ciudad cambia. La gente se suelta. Aparecen máscaras, comparsas, pintura en la cara, agua volando por todos lados y música que no deja de sonar.

Pero… ¿por qué nos disfrazamos? ¿por qué en Perú nos lanzamos pintura y agua? ¿de dónde salió todo esto? La historia es mucho más profunda de lo que parece y, en esta nota, te la contamos.

¿Cuál es el origen de los carnavales?

Aunque hoy los carnavales están ligados al calendario cristiano (justo antes de la Cuaresma), sus raíces vienen de celebraciones paganas muchísimo más antiguas.

En la antigua Grecia se realizaban fiestas en honor a Dionisio, dios del vino y la celebración. En Roma, los festivales dedicados a Baco incluían música, disfraces y una inversión simbólica del orden social. Durante esos días, los esclavos podían burlarse de sus amos, la autoridad se relajaba y todo era exceso.

Era, básicamente, una pausa de la realidad.

Cuando el cristianismo se expandió por Europa, estas celebraciones no desaparecieron. Se adaptaron. Así nacieron los carnavales como antesala de la Cuaresma.

¿Por qué algunas usan disfraces en carnavales?

El disfraz no es solo “para verse chévere”. Históricamente, la máscara simbolizaba libertad. Al cubrir tu rostro, podías actuar diferente, romper reglas sociales, decir lo que normalmente no dirías. Era una especie de permiso colectivo para experimentar otra identidad.

En ciudades como Venecia, por ejemplo, el uso de máscaras se volvió una tradición central en el Carnaval de Venecia, donde nobles y plebeyos podían mezclarse sin distinción.

Con el tiempo, el disfraz dejó de ser solo anonimato y pasó a representar identidad cultural. En América Latina, muchos personajes carnavalescos nacieron de mezclas entre tradición indígena, herencia africana y costumbres europeas.

Ejemplo claro: el Carnaval de Barranquilla, con figuras como la Marimonda, que representa sátira y humor popular.

¿Y por qué en Perú jugamos carnavales con agua y pintura?

En el caso peruano, especialmente en regiones andinas como Cajamarca, los carnavales se fusionaron con celebraciones agrícolas prehispánicas vinculadas a la fertilidad y al ciclo de la tierra.

Acá, el agua y la pintura tienen un simbolismo fuerte:

  • El agua representa abundancia y renovación.

  • La pintura o talco de colores simboliza alegría, cosecha y comunidad.

En el Carnaval de Cajamarca, conocido como el “Carnaval más alegre del Perú”, el juego con agua y pintura es una forma de integración social. Todos participan, todos se mezclan, todos terminan igual de coloridos.

Aquí también aparece la tradicional yunza o cortamonte, donde se baila alrededor de un árbol adornado hasta que cae, simbolizando prosperidad.

Cada país, su propia versión del “descontrol”

Es obvio que cada país que celebra carnavales lo hace a su propio estilo.

En Brasil, el Carnaval de Río de Janeiro mezcla herencia africana, samba y espectáculo masivo. En Bolivia, el Carnaval de Oruro tiene raíces religiosas y andinas. En el Caribe, la influencia africana marca el ritmo. En Europa, la tradición se inclina más hacia máscaras y elegancia barroca.

Todos diferentes, pero conectados por la misma idea: celebrar antes de empezar algo nuevo.

¿Por qué los carnavales siguen tan vivos?

Porque el ser humano necesita rituales colectivos.

El Carnaval es una válvula de escape social. Es identidad cultural. Es tradición que pasa de generación en generación. Es comunidad.

Y aunque hoy lo vivamos entre espuma, comparsas y selfies, su esencia sigue intacta: romper la rutina por unos días y recordar que celebrar juntos también es parte de nuestra historia.

Al final, entre máscaras, pintura y música, el Carnaval nos deja claro que cuando la ciudad se llena de color, algo se transforma. Y eso nos une.

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