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Cinco películas alemanas para entender el legado del Muro de Berlín

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El legado del Muro de Berlín, destruido un 9 de noviembre hace 30 años, es complejo. Lo primero que visualizamos son las imágenes emblemáticas de los ciudadanos de ambas Alemanias agolpados sobre los bloques de concreto. Minutos después, empezaron a demolerlos mientras corrían a abrazarse en medio del júbilo colectivo. Probablemente, también recordemos el estado de represión en el que vivían los habitantes del lado oriental, muchos de los cuales murieron intentando escapar de aquel régimen totalitario.

Sin embargo, hay experiencias y discursos poco conocidos fuera de Alemania, al no ser parte de la historia “oficial”. Quizá el cine sea el mejor medio que las personas de ambos lados del Muro encontraron para plasmar y procesar sus vivencias y sentimientos. Si bien la barrera física desapareció, aún quedan otras por superar, invisibles y más profundas. Estas cinco películas son una pequeña muestra de lo complicado que es formar una identidad nacional luego de casi tres décadas de división. Eso sí, todas mantienen viva la esperanza de una total reconciliación.

Good Bye, Lenin! (2003)

Esta película disparó el fenómeno Ostalgie (algo así como “nostalgia por el Este”) en Alemania a principios de los 2000. Christiane (Katrin Saß), fiel creyente en el socialismo, entra en coma semanas antes de que caiga el Muro. Su hijo, Alex (Daniel Brühl), decide hacer lo imposible para que ella crea que el capitalismo no ha llegado a su pequeño departamento. Así, su hogar se convierte en el último bastión socialista en una Berlín invadida por el libre mercado y la publicidad imperialista de Coca Cola. Dirigida por Wolfgang Becker, Good Bye, Lenin! es una ingeniosa tragicomedia que explora la delgada línea entre la nostalgia y la romantización del pasado, un conflicto que aún hoy se da en muchos ciudadanos de la extinta República Democrática Alemana (RDA).

La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen, 2006)

A Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un destacado agente de la Stasi, la policía secreta de Alemania Oriental, le asignan espiar a un dramaturgo fiel al régimen (Sebastian Koch) y a su pareja (Martina Gedeck), por órdenes de un ministro encaprichado con ella. Poco a poco, las convicciones del rígido Wiesler empezarán a flaquear, haciendo cada vez más difícil su trabajo. Esta película es lo opuesto a Good Bye, Lenin!, pues muestra la parte más dura y oscura de la vida en la RDA, con el aparato gubernamental supervisando casi todos los aspectos de las vidas de sus ciudadanos. Florian Henckel von Donnesmarck, el director, ganó un merecido Oscar a la Mejor Película Extranjera por La Vida de los Otros. Este fue el último filme del actor principal Ulrich Mühe, quien murió cinco meses después de la ceremonia.

Barbara (2012)

Es 1980, y Barbara (Nina Hoss), una exitosa doctora de Berlín Oriental, es enviada a trabajar en un humilde hospital en las costas del mar Báltico como castigo. ¿La razón? Haber aplicado oficialmente para migrar al otro lado del Muro y así vivir junto a su novio. Sus problemas apenas empiezan, porque la Stasi la sigue monitoreando a través de uno de sus colegas (Ronald Zehrfeld), lo cual dificulta la planificación de su escape hacia Dinamarca. En esta película, dirigida por Christian Petzold, el diálogo es mínimo y el soundtrack no existe, lo cual nos mantiene sumergidos en una atmósfera de tensión. Barbara casi nunca sonríe, pero un agitado universo se esconde detrás de su intensa mirada y está llena de secretos: la única forma de sobrevivir bajo un gobierno que busca controlar y saberlo todo.

El Cielo Sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987)

Esta película es dirigida por Wim Wenders y protagonizada por la leyenda Bruno Ganz (eternamente recordado como Adolf Hitler en La Caída). El escenario es Berlín Occidental, una isla democrática y capitalista en medio del totalitarismo de la RDA. Dos ángeles, (Ganz y Otto Sander) ponderan sobre la posibilidad de renunciar a su inmortalidad y vivir como los humanos a los que observan y cuyos pensamientos pueden escuchar. Algunos consideran que El cielo sobre Berlín, además de ser una obra de arte, fue un llamado a la reunificación de las dos Alemanias, pues habla de la separación, la libertad y el deseo de conectar con los demás. Ambos ángeles son invisibles para los humanos e inmunes a las barreras creadas por estos. No obstante, sí están limitados por la insatisfacción de sus fervientes ansias de interactuar con otros y formar vínculos emocionales; dos deseos intrínsecos a nuestra humanidad.

A Coffee in Berlin (Oh Boy, 2012)

Jan Ole Gerster dirige y escribe A Coffee in Berlin, el registro de un día en la vida de Niko (Tom Schilling), un joven ex estudiante que nunca empieza lo que termina. A través de la desidia del protagonista, Gerster critica las consecuencias de la inacción y la pasividad en una sociedad frenética cuyo pasado se hace cada vez más lejano, y corre el riesgo de perder su memoria. Mientras Niko no deja de buscar un lugar donde comprar una bendita taza de café junto a su amigo, un actor fracasado (Marc Hosemann), se cruza con perturbados (Friederike Kempter) y fascinantes (Michael Gwisdek) personajes y se ve en medio de varios conflictos familiares, sexuales y hasta existenciales.

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Actualmente, del Muro de Berlín solo quedan algunos pedazos in situ. El resto fue demolido o forma parte de memoriales e incontables souvenirs desperdigados por todas partes del mundo. Pero el dolor de la separación, la autocensura por la represión, y el trauma a raíz de los horrores cometidos durante las guerras, aún se mantiene en la memoria colectiva y, por lo tanto, en el arte de Alemania. Una nación que, generaciones después, aún no sabe muy bien de qué (y hasta qué punto) puede estar orgullosa y avergonzada de su pasado.

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