Hay algo que La posesión de la momia(Lee Cronin’s The Mummy) logra desde sus primeros minutos: perturbar. Lee Cronin, el director irlandés detrás de Evil Dead Rise, traslada la acción a Asuán, Egipto, donde una familia enfrenta el regreso de su hija desaparecida ocho años atrás. Solo que la joven no vuelve como esperaríamos: regresa convertida en una momia milenaria, habitada por una fuerza ancestral de proporciones devastadoras.
La propuesta tiene el mérito de renovar un monstruo tan transitado como la momia al despojarlo de su lado más aventurero y devolverlo al terreno del terror más visceral. La atmósfera es densa, el ritmo agitado, y cuando la violencia llega, lo hace sin piedad. El resultado es asfixiante y visualmente impactante.
La película abraza lo grotesco sin filtros. Esa naturaleza asquerosa es, precisamente, su mayor mérito: una experiencia sensorial agresiva construida desde el diseño de sonido y los efectos prácticos. Huesos rompiéndose, carne desgarrándose y fluidos nauseabundos… Todo está pensando para generar rechazo. No es una cinta para estómagos sensibles, pero quienes disfrutan del gore, aquí encontrarán un festín.
Quien llegue sin demasiadas expectativas, como fue mi caso, probablemente se lleve una sorpresa. Gran parte del crédito recae en Natalie Grace, cuyo trabajo como la hija poseída es, sencillamente, escalofriante. Su presencia en pantalla incomoda tanto en lo físico como en lo emocional: hay algo muy inquietante en esa mezcla de familiaridad y amenaza constante.
Sin embargo, el guion no está a la misma altura de lo que plantea. El núcleo familiar, el dolor de unos padres que intentan reintegrar a su hija aun cuando ya no es la misma, tiene un enorme potencial emocional. Esa obstinación, ese intento desesperado por recuperar a alguien que, en el fondo, ya no está, es algo con lo que muchos pueden identificarse. Cronin toca esa fibra, pero no la desarrolla lo suficiente.
Lo mismo ocurre con varias subtramas: una detective cuyo arco queda inconcluso y una familia antagonista con un trasfondo problemático que apenas se explora. Son puertas que el director abre y cierra casi de inmediato, dejando al espectador con curiosidad y ganas de seguir explorando las historias detrás de los personajes.
A pesar de estas grietas narrativas, La posesión de la momia cumple e incluso supera expectativas por momentos. El guion puede flaquear, pero Cronin sabe cómo sostener la tensión: escenas volcadas hacia lo grotesco, lo incómodo y lo directamente nauseabundo. Y ese final, con un giro que no vi venir, te deja una sensación de satisfacción.
Veredicto
Esta es una reimaginación del monstruo clásico que apuesta sin miedo por el horror físico. Cronin construye una obra intensa y perturbadora, sostenida por una narrativa sensorial agresiva y la destacada actuación de su protagonista. Aunque el guion tiene algunas carencias, esto no impide que se convierta en una de las sorpresas del género este 2026.