Napalm Death y Cannibal Corpse en Lima, una noche para no olvidar. RESEÑA

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Escrito por: Cristhian Manzanares

@manzarock

https://www.linkedin.com/in/cristhianmanzanares/

 

Por la cantidad de polos negros que se iban acumulando en el interior del Festiva, se sentía en el ambiente el clamor por un estremecimiento headbanger. Lo que constatamos aquella noche del 27, fue no solo el nivel de profesionalismo de ambas bandas -una conjugación perfecta de sonido avasallador, ejecución impecable, y dominio escénico desbordante-, sino también una entrega por parte del público que no se aburre de verlos y escucharlos, aun cuando esta es la cuarta vez, al menos, que estos maestros de death y el thrash departen con nosotros.

Cuando por fin, con esa puntualidad europea que siempre nos hace preguntarnos cómo demonios lo hacen, el baterista de Napalm Death, Danny Herrera se sube a su armatoste dispuesto a ametrallarnos una vez que las notas de los parlantes terminen de ensordecernos con el intro de “Multinational Corporations”, solo cabía someternos a la demencia sónica propalada por las cuerdas del guitarrista John Cooke (sí, parece que Mitch Harris aún no está al 100% para la gira), el pesadísimo bajo de Shane Embury, y esos gritos perturbadores del enorme “Barney” Greenway.

Alternando su material clásico con temas de sus recientes lanzamientos, la ferocidad vomitada desde la tarima nos empaquetó alrededor de una veintena de canciones en la hora que les tocó interpretarlos. Las obligadas y celebradas visitas a ese gran disco titulado Scum se codeaban con temas de su reciente recopilatorio Coded Smears and More Uncommon Slurs, así como también un par de covers en clave grindcore, uno de Anti-Cimex (“Victims of a Bomb Raid”) y otro de los Dead Kennedys (“Nazi Punks Fuck Off”), mientras que al último disco de canciones “nuevas”, Apex Predator apenas tuvo un par de paradas.

Vale celebrar el diálogo continuo de Greenway con el público, siempre empatizando sus puntos de vista sobre una sociedad digna y justa, en la que sus gobernantes no se aprovechen, y de paso decirle algunas cuantas verdades a quienes imponen sus creencias políticas y religiosas (dedicatoria incluida a los no creyentes en “Suffer the children”), ya sea en su esforzado español, o en un muy calmado inglés. Un hombre que siempre nos deja un mensaje y está agradecido con la audiencia que disfruta verlo berrear de manera indómita con cada canción.

Con los oídos ya curtidos gracias al set anterior, Cannibal Corpse tomaba el escenario con bastante tranquilidad, como sabiendo que ellos serían quienes den el último golpe de martillo para que nuestra cabeza termine de estallar de metal extremo. Bastó que pasen pocos segundos de “Code of the Slashers” para que el cuello, al cabeza y los pelos de Corpsegrinder se muevan cual hélice, como si de ese movimiento tuviera que generar electricidad para todo el lugar. Los tres primeros temas fueron extraídos de su más reciente producción Red Before Black, nombre con una clara alusión a una muerte muy sangrienta.

El quinteto nos sacudía con un sonido demoledor, y la gente vitoreaba cada clásico que la banda entonaba cual latigazo sádico. “Devoured by Vermin”, “A Skull Full of Maggots”, “I Cum Blood” también se hicieron presente en la lista de temas, recibiendo extenuadas ovaciones luego de su ejecución, hasta llegar al indeseado final de la noche con el clásico “Hammer Smashed Face”. Valga mencionar la impresión que uno se puede llevar de Corpsegrinder en vivo, si es que su único referente había venido siendo los discos que uno escucha en el reproductor de su preferencia. Es un tipo capaz de bromear con el público con la voz de un tío de 40 y pico años de esos que te gustaría encontrarte en una parrillada familiar, y que por eso mismo chocaría totalmente con tu concepción de un cantante que subiría al escenario con un cuchillo de carnicero en una mano y en la otra la cabeza recién cortada de un cerdo chorreando ingentes cantidades de sangre.

Napalm Death y Cannibal Corpse vinieron, tocaron y vencieron, al menos para las almas sacudidas por los intensos pogos desatados por el respetable, y la fanaticada grind y death que llego al Centro de Lima con ganas de intensidad metal desbordante. Muchos cuellos seguramente habrán tenido problemas para moverse al día siguiente.


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